Mientras esto ocurría, Akane continuaba su periplo en otra dimensión.
- ¿Está seguro de que funcionó? – preguntó la chica.
- Pues claro – contestó el capitán Navar -. Tu amigo te ha visto y oído, pero no es fácil que le crean.
- ¿Entonces? ¿Qué hago?
- Debes atravesar el bosque. Solo podrás salir por allí.
- ¿Cómo? – preguntó alterada.
- Iré parte del camino contigo, el resto lo harás sola – suspiró -. Necesitaras algunas cosas. Kadriya te acompañará a ver a Habib, es la persona que más tiempo lleva aquí.
Recorrieron un pequeño sendero que los condujo a una pequeña cabaña. Llamaron a la puerta y la abrió un hombre con barba y una chilaba granate.
- Hola, Ruggero. Veo que vienes acompañado.
- Sí Habib – afirmó el capitán -. Es Akane y va a ayudarnos.
Akane sintió cómo Habib la recorrió con la mirada.
- Vaya, eres muy joven para estar aquí.
- Por eso quiero irme – contestó Akane.
Habib sonrió.
- Creo que lo conseguirás, pero necesitarás ayuda del otro lado.
- ¿Por qué?
- Debes tener en tu poder unos objetos que se encuentran en tu mundo. Una piedra que actúa como brújula y una espada que es capaz de dañar la carne muerta. Deben conseguírtelos y traspasarlos aquí.
- Pero… ¿cómo?
Alan Knightley se encontraba en una sala de estudio intentando convencer a Nadine y a Vera de que Akane hablaba con él cuando entró en un estado de semiinconsciencia.
- ¡Alan! - gritó Nadine -. ¿Te pasa algo?
De repente Alan comenzó a hablar con una voz desconocida.
- Soy yoooooo. Akaaaaaneeeeeee.
- ¡Madre mía! – exclamó Vera -. Decía la verdad, se comunica con Akane.
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lunes, 22 de marzo de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
CAPÍTULO 18: Vigila y recluta (11ª parte)
- ¿Qué ocurre Alan? - preguntó Vera.
- Akane me ha visitado en sueños, creo… no sé… ha sido todo muy real…
- ¿Y? – siguió Vera con ansiedad.
Alan agitó la cabeza para poder despejarse.
- Dijo… que estaba en una especie de … dimensión que convive con la nuestra.
- ¿Una dimensión paralela? – inquirió Oliver
Alan asintió.
- Alan – comenzó Vera -, a veces utilizas un lenguaje muy adulto ¿sabías?
Alan no dijo nada.
- La comunicación espiritual consume mucha energía Akane – dijo Kadriya.
Akane asentía, el hecho de haberse comunicado con Alan la tenía agotada y decidió permanecer en silencio mientras tragaba saliva con nerviosismo.
- Has aprendido rápido – comentó el capitán Navarr -. Te has comunicado con tu amigo de maravilla.
- No ha sido demasiado difícil – declaro Akane -. Sólo hay que concentrarse.
- No te lo tomes a la ligera niña – la amonestó el Capitán -. Eres inexperta y el Mal lo sabe.
- No la asustes más Ruggero – dijo Kadriya en un tono conciliador -. Deberás tener mucho cuidado cuando contactes con tu amigo, de lo contrario, el pobre tendrá que escuchar eternamente los lamentos de este lado.
Akane sintió un escalofrío. La incómoda ansiedad se había quedado en sus pulmones.
- Hace poco tiempo – comenzó a relatar Kadriya -, de la parte más oscura de esta dimensión, un ser lóbrego, fue invocado desde tu lado.
- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? – preguntó Akane.
Kadriya le hizo un gesto al capitán Navar para que tuviese paciencia.
- Debe volver a este lado Akane. El hecho de que se encuentre en tu mundo puede desequilibrar la balanza entre las dos dimensiones de modo que se desate el caos.
- Pero… yo no…
- No hay discusión posible – la cortó el capitán -. En cuanto contactes de nuevo con tu amigo debes avisarle que Bud Lote ha vuelto de entre los muertos.
- Akane me ha visitado en sueños, creo… no sé… ha sido todo muy real…
- ¿Y? – siguió Vera con ansiedad.
Alan agitó la cabeza para poder despejarse.
- Dijo… que estaba en una especie de … dimensión que convive con la nuestra.
- ¿Una dimensión paralela? – inquirió Oliver
Alan asintió.
- Alan – comenzó Vera -, a veces utilizas un lenguaje muy adulto ¿sabías?
Alan no dijo nada.
- La comunicación espiritual consume mucha energía Akane – dijo Kadriya.
Akane asentía, el hecho de haberse comunicado con Alan la tenía agotada y decidió permanecer en silencio mientras tragaba saliva con nerviosismo.
- Has aprendido rápido – comentó el capitán Navarr -. Te has comunicado con tu amigo de maravilla.
- No ha sido demasiado difícil – declaro Akane -. Sólo hay que concentrarse.
- No te lo tomes a la ligera niña – la amonestó el Capitán -. Eres inexperta y el Mal lo sabe.
- No la asustes más Ruggero – dijo Kadriya en un tono conciliador -. Deberás tener mucho cuidado cuando contactes con tu amigo, de lo contrario, el pobre tendrá que escuchar eternamente los lamentos de este lado.
Akane sintió un escalofrío. La incómoda ansiedad se había quedado en sus pulmones.
- Hace poco tiempo – comenzó a relatar Kadriya -, de la parte más oscura de esta dimensión, un ser lóbrego, fue invocado desde tu lado.
- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? – preguntó Akane.
Kadriya le hizo un gesto al capitán Navar para que tuviese paciencia.
- Debe volver a este lado Akane. El hecho de que se encuentre en tu mundo puede desequilibrar la balanza entre las dos dimensiones de modo que se desate el caos.
- Pero… yo no…
- No hay discusión posible – la cortó el capitán -. En cuanto contactes de nuevo con tu amigo debes avisarle que Bud Lote ha vuelto de entre los muertos.
lunes, 15 de febrero de 2010
CAPITULO 18: Vigila y recluta (8ª parte)
La alegría de Akane causada por haber escuchado las voces se estaba apagando. No lograba distinguir nada, allí no había nadie.
- Sé que hay alguien ahí, ¡os he oído!
Akane escuchó un susurro pero no lo entendió. Nuevos susurros. Se dio la vuelta varias veces para pillar a los que susurraban pero no tuvo éxito. No muy lejos de allí se oyó un ruido, parecía una puerta abriéndose. Comenzó a sentir miedo y deseó no estar sola.
- Viene del otro lado.
Akane se giró hacia el lugar del que provenía la voz y vio a un hombre que la señalaba con un dedo.
- ¿No le ha dicha nadie que eso es de mala educación? – preguntó la chica con el tono de voz más valiente que pudo lograr.
- Un poco más de respeto niña. Soy el capitán Ruggero Navar.
- Me está usted poniendo nerviosa y …
- ¿Quién eres? ¿qué haces aquí? – preguntó el capitán Navar tajantemente.
Akane se presentó y contó lo ocurrido. El capitán la escuchó hasta el final sin interrumpirla.
- Tu mundo sigue existiendo, aunque desde aquí no puedas verlo.
- ¿Qué hago aquí? – estalló Akane sin poder contener las lágrimas -. Quiero irme.
- Y lo harás – aseguró el capitán -, pero no será fácil.
Akane no había visto cómo se habían acercado más personas, pero cuando se dio cuenta comenzó a retroceder hasta que Ruggero Navar la cogió de una mano.
- Si sales corriendo será peor. Te puedes perder.
Akane echaba de menos a Ambros, a sus amigas, a Alan. Aquello era demasiado fuerte para vivirlo sola.
- No la asustes – dijo una voz femenina -, nosotros estaremos aquí para siempre, pero tú debes volver, este no es tu sitio.
Un niño se agarró a la pierna de la mujer y ella le acarició el pelo con una mano.
- Estar aquí es tu destino – continuó la mujer -, por cierto ¿cómo te llamas?
- A… Akane.
- Yo me llamo Kadriya.
- Sé que hay alguien ahí, ¡os he oído!
Akane escuchó un susurro pero no lo entendió. Nuevos susurros. Se dio la vuelta varias veces para pillar a los que susurraban pero no tuvo éxito. No muy lejos de allí se oyó un ruido, parecía una puerta abriéndose. Comenzó a sentir miedo y deseó no estar sola.
- Viene del otro lado.
Akane se giró hacia el lugar del que provenía la voz y vio a un hombre que la señalaba con un dedo.
- ¿No le ha dicha nadie que eso es de mala educación? – preguntó la chica con el tono de voz más valiente que pudo lograr.
- Un poco más de respeto niña. Soy el capitán Ruggero Navar.
- Me está usted poniendo nerviosa y …
- ¿Quién eres? ¿qué haces aquí? – preguntó el capitán Navar tajantemente.
Akane se presentó y contó lo ocurrido. El capitán la escuchó hasta el final sin interrumpirla.
- Tu mundo sigue existiendo, aunque desde aquí no puedas verlo.
- ¿Qué hago aquí? – estalló Akane sin poder contener las lágrimas -. Quiero irme.
- Y lo harás – aseguró el capitán -, pero no será fácil.
Akane no había visto cómo se habían acercado más personas, pero cuando se dio cuenta comenzó a retroceder hasta que Ruggero Navar la cogió de una mano.
- Si sales corriendo será peor. Te puedes perder.
Akane echaba de menos a Ambros, a sus amigas, a Alan. Aquello era demasiado fuerte para vivirlo sola.
- No la asustes – dijo una voz femenina -, nosotros estaremos aquí para siempre, pero tú debes volver, este no es tu sitio.
Un niño se agarró a la pierna de la mujer y ella le acarició el pelo con una mano.
- Estar aquí es tu destino – continuó la mujer -, por cierto ¿cómo te llamas?
- A… Akane.
- Yo me llamo Kadriya.
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