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miércoles, 26 de agosto de 2009

CAPÍTULO 10: ALL HALLOW'S EVE (8ª parte)


Antes de meterse en el traslador Akane echó una última ojeada fuera de los baños y vió como Vera y Oliver se acercaban corriendo hacia ella.

- Vamos Akane, entra rápido que el Profesor Hardis esta merodeando por la fiesta, controlando las bebidas y los alumnos que salen.
- Esta bien, vámonos ya…pero vosotros…¿Dónde os habíais metido?
- Ehmmm…

En menos de un minuto, lograron llegar a la Torre de Astronomía. Allí, Akane tuvo ocasión de explicarles al resto de sus compañeras de cuarto el viaje inesperado de Bridget a México. Aunque sorprendidas se tomaron unas diademitas a su salud y continuaron con la fiesta clandestina… Como siempre con buena música y esta vez, cada una de nuestras chicas en muy buena compañía.

Nadine aun seguía confusa por el beso inesperado de Edward que, actuaba como si nunca hubiera pasado pero no dejaba de estar pendiente de ella en todo momento. Incluso mientras hablaba con David Morgan y Claire Collins acerca de cómo conseguir traer alguna caja de Pure Blood hasta Faldon, de forma clandestina. La sangre pura se importaba de Ginza, un distrito del barrio industrial de Chou, en Japón. El Potro Trotador la importaba y solo Bill Danag podria ser capaz de llegar a un acuerdo con sus congeneres vampiricos para suministrarle la sangre de la vida. Tendrían que hacerle una visita amistosa con fines comerciales.

Nadine, humana y frágil, atendía atenta a toda la conversación, fascinada por aquellos aparentes humanos que intentaban saciar su hambre racial de la forma mas civilizada posible. En el Colegio no estaba permitida la sangre pura por temor a que el resto de alumnos cometieran la imprudencia de caer en la tentación de probarla. Sobretodo desde que, hacia algunos años, corría el rumor que al ingerirla provocaba efectos y alteraciones de los sentidos.

Por otro lado se encontraban Vera y Oliver, hablando de lo ocurrido entre risas y miradas cómplices cuando Vera, sobresaltada, dejo de hablar y con semblante serio miró hacia lo lejos, justo donde comenzaba la muralla fortificada de Broke Hills. Demasiado lejos como para que un ojo humano divisara algo pero lo suficiente como para que Vera Gram y su excelente sentido auditivo, fuera de lo normal, advirtieran que algo oscuro e inquietante ocurría.

- ¿Vera, que ocurre? – le pregunto Oliver preocupado al tiempo que dirigía la mirada hacia el infinito.

Las nubes del atardecer comenzaron a unirse en una espesa masa uniforme, densa, oscura y tormentosa. Se agrupaban a capricho imperativo avidinandose quizás una forma a lo lejos.

- Oliver, no estoy segura pero lo que escucho son voces lejanas de una reunión bastante considerable de jinetes pálidos. Estoy casi segura que hablan en Telugu, la lengua mater de las hordas de Saumort. El profesor Hardis nos los contó hace unas semanas en clase.

En cuanto Vera Gram pronunció el nombre de Saumort, todos acudieron al balcón de la Torre para intentar divisar que ocurría. Resultaba demasiado lejano y apenas se apreciaba una mancha confusa en la lejanía.

Vera cogio el telescopio para ver mejor y observó con atención lo que era un avanzadilla de unos veinte jinetes, dispuestos en círculo, alrededor de un jinete lider, más grande y corpulento. Era distinto al resto de pálidos. Iba vestido con una chilaba, sostenía en su mano derecha lo que parecía una daga mientras con la izquierda sostenía con ímpetu las riendas de su caballo. En la espalda portaba una cachimba rodeada por una serpiente que subía enrollada hasta acabar reposando su cabeza en el hombro del jinete.

- Vera, déjame mirar, ¿Qué ocurre? – se acercó Akane preocupada por lo que ocurría.

Vera se apartó sin dejar de mirar a lo lejos, sin parpadear. El profesor Hardis siempre insistia en el fin de la tregua no pactada con las fuerzas oscuras y en la inminente reorganización de las mismas para buscar el anillo Indûr, forjado en el volcán de Druithland y perdido en la Guerra Fría de Morkor. Saumort seguía reclamando su poder.


- Chicos, esto tiene toda la pinta de ser una provocación….Esta comarca siempre ha sobrevivido a los ataques de Saumort ya que tiene una fuerte defensa mágica.

Thomas Rohan, alumno sobresaliente de cuarto curso de la Casa Cleaverly, se acerco también para mirar a través del telescopio.

- Mmm..., no solo es una tentativa de provocarnos. Sin duda, han tomado la determinación, sino no enviarían a los capitanes con sus tropas. El de la cachimba es Hachan La Vey, General de las tropas de Morgoth, mas conocido como The Master of Puppets….

viernes, 19 de junio de 2009

CAPÍTULO 7: LOS TUTORES PERSONALES (10ª parte)

Las recuperaciones de Akane también fueron seguidas. Vera le pidió a Mya que la ayudase con vuelo porque si lo hacía ella sabía que terminarían como poco a escobazo limpio. Mya era más paciente que Vera y después de siete intentos consiguió que Akane despegase los pies del suelo más de diez metros sin marearse y caer de bruces. El director Kingsley las observaba desde su despacho y movía la cabeza de un lado a otro. No entendía cómo era posible que la hija de William McGregor no fuese capaz de volar teniendo en cuenta los antecedentes de excelentes voladores que había en el clan McGregor. El tío de William y tío abuelo de Akane, Alasdair McGregor, había estudiado con él y era famoso por las carreras que hacía en un bosque de secuoyas que había a pocos kilómetros de Faldon. Alasdair fue el único participante de aquellas carreras que no se hizo ni un rasguño y enseñó a su sobrino William a volar de la misma manera. Si William no estuviese muerto probablemente Akane no tendría estos problemas.

Harrison se sentó en la mesa de su despacho dándole vueltas a su encuentro con Nemis, el jefe de los centauros. Como grandes astrólogos preveían la proximidad de nuevas batallas con la oscuridad y estaban alerta. Habían divisado que cerca de la cueva de los lobos había movimiento pero cuando llegaban no había nadie, sólo veían huellas de cascos de caballos. Claris estaba prácticamente seguro de que se trataba de jinetes pálidos e hizo un trato con los centauros, mientras los centauros vigilaban desde el suelo, él y su familia lo harían desde lo alto de los árboles.

- ¡Ayyy! – se oyó en el exterior.

El director Kingsley se giró y al mirar por la ventana comprobó cómo Akane se había vuelto a caer y se frotaba la cabeza.

- ¡Me van a salir chichones! – le gritaba a Mya que reía por lo cómica que resultaba en esa situación.

- No te quejes tanto, todos nos hemos caído alguna vez – le contestó Mya.

- No sabes nadar, no sabes volar – dijo una voz a la espalada de Akane.

Akane se giró bruscamente dispuesta a insultar a quien había pronunciado esas palabras, pero al ver que era Alan Knightley se mordió la lengua recordando que si no hubiese sido por él, en estos momentos estaría en el fondo del lago.

- ¿Tú qué haces aquí?

- Me he acercado porque me llamaban la atención unos alaridos y cuando he visto que eras tú no he podido evitar la tentación de venir a reirme de ti un rato.

- Lárgate cíclope, tengo muchas cosas que hacer.

- Si te quedas con ella – empezó Mya – te lo agradezco, tengo que entrenar para los partidos de la semana que viene.

- Tranquila, la acompañaré dentro y me aseguraré que no rompa nada.

Akane lo miró furiosa.

- Déjame tranquila, tengo mucho que estudiar.

- ¿Ah sí? – preguntó curiosamente - ¿el qué?

- Transformaciones. Suspendí.

- Ah. Yo puedo ayudarte si quieres. Ayer transformé a Ben Foolish en un mapache.

- ¿Por qué?- preguntó sorprendida.

- Dijo algo sobre el hueco de mi ojo – y señaló el parche -. Estuvo toda la tarde lamiéndose las patas, y por la noche, después de devolverlo a su estado humano, seguía lamiéndose las manos.

- ¿Me enseñarás a hacer eso? – preguntó Akane mientras sonreía ante la perspectiva.

- Pues claro.

La clase particular de Transformaciones resultó más divertida que la de vuelo y lamentó que acabase cuando Mary, la delegada de Nidelty fue a buscarla para darle clases de Salud Ambiental.

- Claris me dijo que te ayudara – se explicó.

Akane se despidió de Alan y siguió a Mary, con un poco de suerte terminarían antes de comer y tendría la tarde libre ara vaguear.

viernes, 5 de junio de 2009

CAPÍTULO 7: LOS TUTORES PERSONALES (4ª parte)

Cuando Nadine llegó a su dormitorio Vera, Akane y Bridget aún no habían bajado al comedor para la cena, estaba tan ofuscada que no se percató que Vera y Bridget intentaban hablar con Akane y ésta no les contestaba.

- ¿Tan mal te ha ido? –preguntaba Bridget a Akane mientras miraba de reojo a Nadine “¿y a ésta qué le pasa?”.

- Déjala, no nos lo va a decir – contestó Vera - ¿Nadine?

- Díme.

- ¿Te importa si empezamos mañana?

- ¿Empezar qué? – respondió confundida.

- ¿No te acuerdas? Vas a ayudarme con Historia.

- Ah, eso, es verdad, sí, mañana. Mañana es sábado ¿no? Después del desayuno si quieres. ¿Bridget me ayudarías con química?

- Claro, pero solo si nos cuentas qué ha pasado cuando has salido a correr.

Nadine resopló antes de ir a ducharse les contó rápidamente su carrera con Edward y, durante la cena siguió desahogándose mientras miraba irritada a la mesa de Cleaverly, pero ninguno de los Pattinson la miró, ellos estaban atentos a la mesa de los profesores y a cómo Claris hablaba con Rupert y con el director Kingsley.

- Mi hijo no cree que fuera ningún centauro – comentó Claris.

- Yo tampoco – contestó el director -. Iré a hablar con Nemis después de cenar para ver si algún centauro ha visto algo.

Nemis era el jefe de una comunidad de centauros asentada en los alrededores de Faldon al finalizar la Guerra Fria de Morkor.

- Iremos con usted – sugirió Rupert.

- No Rupert, Nemis tiene muy mal carácter y desconfía de los extraños, Claris vendrá conmigo porque ya lo conoce, es mejor que le digas a tu hija que no vaya al bosque hasta que sepamos quién era ese jinete.

Rupert miró nerviosamente a su hija que cenaba totalmente ajena a la conversación, sabía muy bien que no le gustaría que le prohibiesen hacer algo, en eso era igual que su madre.

- Tu padre te está mirando Nadine ¿qué has hecho? – dijo Vera.

- ¿Parece enfadado?- preguntó sin mirar Nadine.

- Está preocupado pero no enfadado – afirmó Bridget antes de que Vera contestase a Nadine.

- Pues no tengo ni idea – comentó Nadine al mismo tiempo que levantaba la cabeza y miraba a su padre con curiosidad.

Cuando su padre se acercó a la mesa Nadine se levantó y se apartó para hablar con él. Edward observó la escena ligeramente aliviado, aquel fin de semana la chica no se acercaría al bosque aunque tuviera que ocuparse de ello personalmente, sin embargo no sabía exactamente cómo hacerlo sin que ella le pateara por el enfado que le provocó al arrastrarla de vuelta al castillo.

- ¿En qué piensas hermano? – preguntó Robert.

- En nada.

- Esa chica te vuelve a mirar otra vez – afirmó Alice.

Edward giró su cabeza lo suficiente para ver cómo Nadine volvía a su sitio en la mesa con los ojos achicados por la cólera.

- Ten cuidado Edward, a lo mejor te lanza a su gatito para que te arañe – bromeó Emmett.

- ¡Muy gracioso Emmett!

- ¿Dónde está el problema Edward? – preguntó Rosalie – seguro que su padre no la dejará acercarse al bosque.

“No es eso lo que me preocupa” pensó Edward.

miércoles, 3 de junio de 2009

CAPÍTULO 7: LOS TUTORES PERSONALES (3ª parte)

Nadine se fijó que Edward seguía su ritmo sin hacer mucho esfuerzo, tanto si aceleraba como si frenaba, como si formara parte de su naturaleza. Se moría de ganas de hablar con él pero no se atrevía. “Tan cobarde como siempre Nadine” pensó.

Edward vigilaba a Nadine por el rabillo del ojo, se dio cuenta que la había asustado al decirle que la había visto en el bosque y no se explicaba por qué había aceptado que la acompañara. Le resultaba extraña, “¡basta Edward deja de interesarte por ella!” y comenzó a acelerar el paso para apartarse de ella.

Nadine se sorprendió por el aumento del ritmo de Edward “¿pero dónde va?”, y aceleró también su paso para continuar a su lado. Iba a comentarle que si quería podían correr más rápido cuando vio que él sonreía. “¡Serás fanfarrón!” y rió suavemente, entonces apretó el paso y lo adelantó lo suficiente para girar la cabeza y decirle:

- Sígueme… si puedes – y comenzó a correr tan rápidamente como se lo permitían sus piernas.

Edward la siguió sin poder evitar reírse. Le gustaba correr por el bosque, a estas horas estaba mucho más vivo, los animales no reaccionaban con miedo ante ellos. “No se cansa” pensó “resiste el ritmo”.

Nadine empezaba a agotarse, sentía que los músculos le ardían del esfuerzo y se quedaba sin aliento. “¡Cómo corre!” pensó “si sigue así acabará conmigo”, se estaba esforzando para mantener el ritmo cuando le llamó la atención un camino que no había visto en sus anteriores visitas y frenó parando en seco.

Edward pasó volando a su lado y regresó con Nadine cuando se percató que había parado.

- ¿Por qué te has parado? – preguntó Edward.

- ¿Habías visto antes este camino? – contestó entrecortadamente mientras recuperaba el aliento – yo no – y comenzó a andar por ese camino sin esperar a que Edward respondiera a la pregunta.

- No vayas por ahí.

- ¿Por qué? ¿te da miedo? – dijo riendo entre dientes y siguió caminando.

Edward estaba sorprendido. ¿No era consciente de que el bosque podía ser peligroso de noche? ¿no se daría cuenta que estaba cansada para salir huyendo si fuese necesario? “Pero, ¿por qué me preocupo?”. Finalmente la siguió.

- Estamos bastante lejos del castillo y llegaremos tarde a cenar – comentó irritado.

- Sólo un poco más - intentó convencerlo mientras le miraba.

Edward estaba dispuesto a discutir con ella cuando giró la cabeza a su derecha. Acababa de escuchar el golpeteo de unas patas inmensas. Entrecerró los ojos, parecían los cascos de un caballo. ¿Centauros?, no era posible, el asentamiento estaba en el otro extremo del bosque y no se alejaban tanto. Nadine se acercó a él porque al ver su expresión aguzó el oído y también escuchó cascos.

- ¿Qué es?

- No lo sé. Creo que es mejor que nos vayamos.

Cuando Nadine hizo un amago de dirigirse hacia el lugar del que venia el sonido Edward la cogió del brazo y la arrastró hacia él impidiendo que se moviera de donde estaba.

- ¿Qué haces? – preguntó molesta.

- Te dije que es tarde.

- Solo será un momento –rogó Nadine.

- No – contestó sin soltarla. El sonido de cascos se acercaba más y divisó un caballo con un jinete. Comenzó a arrastrarla.

- Suéltame, ya sé ir yo solita – y se sacudió del agarrón.

Corrió hacia el castillo sin mirar atrás e intentando mantener la dignidad. “Igual que Josefpensó.

- ¿Te has enfadado? – preguntó Edward detrás de ella.

Entonces Nadine corrió más rápido para no oírlo. “Sí” pensó Edward “estás enfadada” y decidió dejarle espacio suficiente pero se quedó lo suficientemente cerca hasta que la vio entrar en el castillo, entonces, en lugar de ir a su casa buscó a su padre para contarle lo que había visto y oído.