viernes, 4 de septiembre de 2009

CAPÍTULO 11: ALARMA (1ª parte)

El jefe Philips sembró la alarma entre los alumnos. No podían adentrarse en el bosque hasta que no lo hubiesen supervisado.

- Si no lo han conseguido los centauros lo van a conseguir ellos – murmuró Akane.

- Cierra el pico – le ordenó Alan.

Akane le dirigió una mirada indignada pero Alan no le hizo caso alguno. Nadine se encontraba al lado de una ventana y no dejaba de mirar al bosque. Distinguía pequeños destellos entre la arboleda, que se apagaban, aunque volvían a encenderse al momento. Tragó saliva mientras pensaba en Benji. Esperaba que pudiera esconderse.

A Vera se le había pasado la euforia provocada por los besos de Oliver y se agarraba a la manga del jersey de su hermano con verdadera ansiedad.

- ¿Quieres calmarte? – le preguntó James exasperado -. Vas a lograr cortarme la circulación como sigas apretando.

- Perdona – contestó mientras le soltó.

Instintivamente dio un paso hacia atrás y, tan pronto como lo hizo, sintió que Oliver se acercaba a ella. Aunque no la tocó, ella sabía que él estaba cerca.

Cuando la charla terminó los alumnos subieron a sus dormitorios en completo silencio. Los delegados no tuvieron que dar órdenes.

- No hay nada como el miedo para callar a los adolescentes – le comentó Wal a Luther.

- No Wal. ¿No piensas que el silencio es incómodo? – preguntó Luther.

- No Luther.

- Siempre necesito rellenarlos diciendo algo.

- ¿Necesitas decir estupideces para sentirte a gusto? – preguntó Wal mientras salían del castillo.

- Sí.

- ¿Por qué?

- No lo sé.

Cuando estaban llegando al bosque Wal vio dos pequeños destellos entre la arboleda.

- Eso no son luces Luther.

- No Wal, no lo son – contestó al tiempo que frenaba su verborrea sobre el silencio.

Aquellas luces eran unos ojos amarillos que los observaban desde la espesura. Wal avanzó unos metros adentrándose entre los árboles que tenían enfrente. Un débil rugido hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. No era un sonido habitual por aquellos parajes. Un metro más y nada se interpondría en su línea de visión.

1 comentario:

Ahola dijo...

Ojos amarillos¡¡!!! Uhhhhh¡¡¡¡¡!!!