viernes, 11 de septiembre de 2009

CAPÍTULO 11: ALARMA (4ª parte)

El domingo por la mañana Nadine no pudo quedarse quieta sin saber qué había sido de Benji y decidió salir a escondidas para poder comprobar que el lince estaba bien. Procuró no hacer ruido y, para no ser vista decidió salir por el pasadizo.

- ¿Dónde crees que vas? – preguntó una voz a sus espaldas.

Nadine se dio la vuelta rápidamente y comprobó que era Edward.

- Me has asustado.

- Me alegro, vuelve a tu cuarto – le dijo – ahora – continuó al ver que Nadine no le hacía caso.

- Sólo será un momento – rogó ella.

- No.

- ¿No? – Nadine no supo qué fue lo que le pasó por la cabeza pero se dio la vuelta – pues cógeme si puedes – y echó a correr.

Edward la siguió y cuando la alcanzó ya se encontraba fuera del castillo.

- Por favor Edward – rogó Nadine – sólo serán cinco minutos, en lo que llamo a Benji.

Pero Edward no tuvo tiempo de contestar. Un jinete pálido de Saumort apareció ante ellos y emitió un rugido. Levantó una mano dispuesto a atacar a Edward.

- ¡No! – gritó Nadine mientras apartaba a Edward de un empujón y llamaba al bosque para que la ayudara.

Un viento intenso y repentino golpeo al pálido y lo lanzó, como si fuera una hoja, a varios metros de distancia para chocar contra un árbol. Como si fueran tentáculos, las raíces de los árboles se retorcieron hacia el atacante y lo envolvieron dejándolo inmovilizado. Sin embargo, otro pálido apareció de repente y cayó sobre Nadine tirándola al suelo y lastimándole el hombro en la caída. El pálido soltó un gruñido y se desplomó sobre ella. Nadine parpadeó por el asombro al darse cuenta que estaba muerto. Edward lo había atravesado con algo.

Desde la zona este del bosque llegaron dos centauros sorteando los árboles con agilidad y rapidez. El pálido que había sido atrapado por las raíces de los árboles, logró escapar ya que Nadine había perdido la concentración en su conexión con el bosque.

- ¡Amer ve por allí! – gritó un centauro señalando la dirección en la que había huido el pálido - ¡Asegúrate que no haya más!

Mientras Amer salió persiguiendo al pálido huído, el otro centauro se acercó hasta Nadine y le quitó de encima al pálido muerto.

- Mi destino no es evitar que os maten ¿sabéis?

- Gracias Viren – contestó Edward.

Nadine iba a agradecérselo también, pero al levantarse comenzó a sentirse mareada y no podía hablar.

- ¡Llévatela de aquí! ¡Rápido! – ordenó el centauro -. Yo voy con Amer.

Edward cogió a Nadine en brazos y la llevó a la carrera al castillo. Cuando llegó, ella ya había perdido el conocimiento.

1 comentario:

Ahola dijo...

Vaya¡¡¡!!!!! Espero que tengan un buen doctor en el castillo...