viernes, 9 de octubre de 2009

CAPITULO 12: AL ATAQUE (3ª Parte)

- Dejadle esto a los mayores – dijo el centauro, y, en ese momento, se le unieron Orzo Strawberry y Seeley Abott.

- -¡Bichos de mierda! – exclamó Orzo al ver cómo los hechizos de los pálidos lo dejaban todo chamuscado.
- Les enseñaremos lo estúpido que ha sido devastar nuestro bosque – rugió el centauro.
- No seáis imprudentes – sugirió Seely.

No lo escucharon y con un grito se lanzaron a la espesura del bosque.

Se oyeron dos notas en el aire y Seely miró atrás. Era Xera Finch que había hecho sonar un cuerno que conservaba de su última batalla. Casi al instante una ola de flechas disparadas por los alumnos de tiro con arco de Faldon llenaron el cielo. Las saetas cayeron sobre las extremidades de algunos pálidos que salían heridos del bosque.

Un relámpago dorado cayó del cielo. Lo había lanzado Harrison Kingsley y logró que los pálidos corriesen desorientados a un lado y a otro. Acto seguido, un viento pavoroso azotó a los pálidos e hizo que comenzaran a enfrentarse unos pálidos con otros. Madeline Cope sonreía tras comprobar que no había perdido su toque.

El caos dio una oportunidad perfecta a los profesores de Faldon . Brian Manson paralizaba a los que se enfrentaban entre sí. Uno de los pálidos intentó huir y Brian le lanzó una poción a la espalda que hizo que el guerrero cayera fulminado al suelo.

Aún se oía mucho ruido de lucha y Xera Finch ordenó a los alumnos que lanzaran otra lluvia de flechas. En ese momento unas llamas verdes salieron del bosque en dirección al castillo y Elaine Swatch las detuvo hasta que cambiaron de color y se desvanecieron.

Mientras tanto, en el centro del bosque, Nadine permanecía agazapada detrás de las rocas con sus compañeros. Cerró los ojos y se concetró. Edward la miró con preocupación pero luego sintió una presión en la tierra, una presión que avanzaba hacia Hachan La Vey y sus acólitos. De repente, debajo de sus caballos, brotaron todo tipo de raíces que crecían a una velocidad poco natural. Un caballo tropezó y cayó al suelo con su jinete. Otros caballos relinchaban histéricamente cuando sus patas quedaban enredadas y luchaban por mantenerse en pie. Los jinetes caían, se retorcían y luchaban por mantenerse en pie, pero Hachan La Vey había logrado huir.

Llegaron los centauros y algunos profesores acompañados de los guardias del Concilio y las raíces les dejaron el camino abierto. Una vez que los jinetes estaban apresados, Edward tocó suavemente a Nadine y ésta abrió los ojos. Las raíces volvieron a desaparecer de inmediato y los chicos salieron de su escondite.

2 comentarios:

Ahola dijo...

Asi se hace¡¡¡!!!!. Darles una buen paliza...

Watanyx dijo...

Buhahahaha no me pillareis tan facilmente!!!... por otro lado...mierda de esbirros!!!, cuando llegue al refugio se van a enterar joer....volvereee....