miércoles, 7 de octubre de 2009

CAPITULO 12: AL ATAQUE (2ª Parte)

Al día siguiente comenzaron de nuevo las competiciones de Triatlón y después Tiro con Arco. Nadine estaba eufórica y sabía que Edmunda y ella iban a clasificarse sin problema alguno. Edward la había estado ayudando y lo había notado. Comenzó a correr y al adentrarse en la única parte del bosque en la que se estaba permitido entrar, se desató un infierno.

Un árbol se hizo añicos convirtiéndose en astillas. Nadine tardó un segundo en darse cuenta de lo que ocurría, y entonces se lanzó al suelo tirando al mismo tiempo a Edmunda. Las dos sintieron cómo el barro se filtraba en sus ropas.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Edmunda.
- Nos atacan – dijo Sam Morlot que se arrastraba detrás de ellas.

Decidieron cubrirse detrás de unas rocas y, a medio camino, algo golpeó a Nadine y la dejó inconsciente. Un rayo cayó en un árbol cercano y lo partió a la mitad. Cuando Sam y Edmunda intentaron ayudar a Nadine, un hechizo cruzó el aire y los obligó a permanecer quietos.
Algo se acercó a una velocidad imponente y agarró a Nadine sacándola de allí y ocultándola detrás de las rocas e inmediatamente volvió para llevarse a Edmunda y ayudar a Sam. Era Edward.

- Gracias tío – dijo Sam - ¿Los ves?
- No – contestó.

Edward aguzó el oído, pero no había señal de los atacantes, entonces abrazó a Nadine, que se estaba despertando y estaba temblando.
- Tranquila. Quédate quieta.
Nadine desobedeció y fue recompensada con una cortante punzada de dolor que le descendió por la espalda.

- Te dije que no te movieras – la riñó Edward.
Las manos del vampiro se movían con delicadeza mientras las deslizaba por la nuca de Nadine para comprobar si tenía algún chichón.
- ¡Qué manía con tirarme al suelo! – se quejó al seguir notando dolor.
Edward sacó del pantalón una pequeña esfera azul que comenzó a brillar.
- ¿Qué es eso? – preguntó Edmunda.
- Nos ocultará un rato – explicó Edward.
- Espero que el suficiente para que nos saquen de aquí – aventuró Sam.
- Espero – contestó Edward.

El ataque de los pálidos los había pillado desprevenidos a todos. Hachan La Vey había aprendido a ocultar mejor a sus asesinos. Eso no presagiaba nada bueno. Un centauro se acercó al lugar en el que se habían quedado Boromir y Chester.

- El área parece despejada. Iros de aquí ahora mismo.

Un grito estremecedor resonó por el bosque. Boromir y Chester se volvieron y corrieron en dirección al grito dispuestos a luchar. El centauro abrió la boca dispuesto a gritarles, pero luego la cerró con fuerza y los siguió. No llegaron muy lejos, los cogió por los hombros y los apartó a tiempo para que no les alcanzase un hechizo.

2 comentarios:

escritores negros dijo...

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Ahola dijo...

Esta pobre Nadine es lleva todo...