lunes, 4 de mayo de 2009

CAPÍTULO 6: UN DÍA MÁS (1ª parte)

Nadine había estado soñando toda la noche con el bosque. Paseaba junto a una pequeña gacela y un ruido la sobresaltó y salió corriendo asustada. Los pájaros que había en los árboles también salieron volando batiendo las alas ruidosamente. Sabía que debía salir del bosque pero sin embargo, se adentraba cada vez más en él. El sol dejaba de filtrarse entre las hojas y cada vez era más oscuro, seguía andando hacia delante y se cruzó con un centauro que la observaba y también hablaba pero ella no le oía, sólo le veía mover los labios. Nadine no dejó de andar en ningún momento, cada vez había más árboles y debía caminar con más cuidado para poder sortearlos y llegó un momento en el que paró porque notaba que la seguían. No era capaz de mirar detrás de ella pero notaba un aliento que le abanicaba la nuca y el pánico se apoderó de ella.

- ¡No! – gritó levantando de golpe las sábanas.

Akane roncaba plácidamente y Vera y Bridget estaban profundamente dormidas. Aún no había amanecido así que se vistió y se dirigió al bosque. Estaba nublado y no llovía y no tardó mucho en perder de vista el castillo. Lo único que oía era el ruido que provocaban sus botas en el suelo húmedo y el gorjeo de algunos pájaros. Aflojó el paso cuando divisó a lo lejos dos gacelas. Dejó de respirar durante una fracción de segundo y se acercó con mucho cuidado a las gacelas. La gacela más grande levantó la cabeza y salió corriendo, Benji las perseguía con actitud juguetona.

Ahora le parecía absurdo que el sueño que había tenido la hubiese dejado tan agitada, pero le había parecido tan real que necesitaba borrar de algún modo el miedo que la invadió. Se dio la vuelta y se dirigió al castillo de forma apresurada mientras pasaba entre los árboles a la carrera deseando que empezaran los entrenamientos de triatlón.

Edward Pattinson la observaba desde una distancia prudente. ¿Por qué habría venido tan pronto? No tenía ningún sentido y le provocó más curiosidad. Una vez que la vio desaparecer se adentró más en el bosque y alcanzó a Robert y Emmett, que le acompañaban en la caza esa mañana. Robert reía porque Emmett tenía la camisa rota y ensangrentada, se le había escapado un alce enorme y había tenido que conformarse con un pequeño jabalí que se había rebelado en su contra y le había destrozado la ropa.

- Eso te pasa por trasnochar Emmett - le decía Robert entre carcajadas.

Emmett le dirigió una mirada envenenada a Robert y le propinó un puñetazo en la mandíbula que no le hizo ningún daño.

- No te enfades Emmett – le espetó Edward –, te tenemos dicho que no abuses de las Diademitas.

Emmett rió con sus hermanos.

- Ya lo sé, pero reconoced que fue una buena fiesta.

- Sí – admitió Robert.

- Estuvo bien, la verdad – dijo Edward totalmente pensativo.

Emmett y Robert se miraron y sonrieron maliciosamente.

- Me gustaría saber qué hace esa chica para tenerte tan distraído. Debería hablar con ella para saber cómo lo hace y así me quedo con tus presas.

Edward le rugió a su hermano.

- Suave Edward – le dijeron sus hermanos.

- Será mejor que volvamos, van a dar las siete – contestó Edward y salió disparado al castillo.

Emmett y Robert iban detrás a un ritmo más lento. No les apetecía aguantar el mal humor de Edward.

2 comentarios:

Ahola dijo...

Love is in the air¡¡¡¡!!!
Everywhere I look around¡¡¡!!!

Anónimo dijo...

jajaja